jueves, 19 de mayo de 2011

Ebullición.

A ras de elecciones y en plenos exámenes se agitan nuestros pequeños universos.
El ambiente está cargado y los estudiantes nos hinchamos a cafeína para soportar el no haber sido constantes durante el curso, una vez más.

Colas interminables a las puertas de las bibliotecas que no dan abasto desde las siete de la mañana,
estampidas y auténticos rings por un asiento para estudiar
es el panorama que nos encontramos los estudiantes estas semanas.

Por lo visto estudiar está de moda, y la moda también ha llegado a las bibliotecas con más fuerza que nunca.
Mientras estudias y pese a que hace un sol de mil demonios y sientes que tu masa gris es insuficiente, tacones y colonias inundan las salas de estudio.
Maquilladas como puertas ellas, y boquiabiertos ellos, no hay quién se concentre hoy en día.


Otros se muerden lo poco que les queda de uñas,realizan horarios,llevan amuletos de la virgen o sencillamente devoran gominolas y otros alimentos emitiendo un ruido insoportable.
Por la tarde noche, se cierra el circo, y con un olor a humanidad que no hay quién lo aguante,las instalaciones respiran tranquilas no por muchas horas.

Podríamos quejarnos de la situación de las bibliotecas,
y de ese compendio de nervios que se cuecen en nuestras tripas,
de nuestras ojeras o de lo mucho que nos apetecería irnos de vacaciones,
pero carecería de sentido porque lo cierto es que los únicos culpables de este frenético ritmo de vida,
de los agobios,
y de la desesperanza ante el temido suspenso somos nosotros.

Unos más optimistas ,otros más taquicárdicos,
y cómo no,los pasivos resignados,
nos enfrentamos a la fase final que el maravilloso Plan Bolonia ha ideado para nuestro sistema educativo.
Recuperaciones en Julio en vez de Septiembre,doscientos veinte trabajos por minuto,
y mucho menos tiempo para estudiar es en lo que se resumen los cambios que este plan ha supuesto en cuanto a los exámenes se refiere.

Por lo que a mí respecta, hay otros sentidos en que desapruebo este plan más relevantes que las fechas, pero los que estudien otras carreras más complejas, tienen que estar pasándoselo fenomenal.


En el momento exacto en que dejamos de tener clase,
justo en ese instante,
una alternativa al pasotismo de nuestro tiempo asoma la cabeza.
En todas las ciudades europeas los estudiantes se agrupan,
se encuentran y gritan, y es que parece ser que sólo hacía falta un pequeño empujón para dar forma a las inquietudes de la juventud que nos consta ser.

El debate sobre los recortes, la corrupción y una necesidad democrática por ahora ausente, son algunas de las peticiones que con el lema Democracia real ya!
pretende la sociedad encaminar el futuro incierto de la juventud de hoy.

Personas de todo tipo y condición, de todas las edades,
se han reunido en plazas y ayuntamientos para demostrar que estamos cansados.
Cansados de un sistema que no parece satisfacer a nadie más que a los bolsillos de los que nos roban, de los que mienten y pasean sin conciencia por las calles,
de los que prometen y se venden,
de los que dicen que somos futuro pero nada nos dan para poder conseguir serlo.

Estas sentadas pretenden hacer vigentes que el movimiento ha comenzado,
que somos muchos los descontentos y que tenemos ganas de hacernos oír.
Es nuestra campaña particular,
sin eslóganes ni fotografías sonrientes,
sin publicidad engañosa,ni automóviles con decibelios de mentira,
con la verdad de la vida de cada individuo,
reunidos todos por un futuro que creemos merecernos.

Como para concentrarse en estudiar está el tema.

lunes, 16 de mayo de 2011

Lo que quiero y no.

Te has hecho "mayor" sin darte cuenta y has cambiado.
Has cambiado mucho.
Ya no dependes tanto de los demás,
ni le das tantas vueltas a discusiones estúpidas,
ya no contestas a tu padre como antes,
y te apetece charlar con tu hermano pequeño cuando llegas a casa.

Ya no tienes complejos estúpidos
ni te importa que te vean sin maquillaje,
ni vas a fiestas que odias
o saludas a gente con la que sólo compartes una antipatía natural y hasta hace nada y sin motivo aparente compartías también el saludo.

Para mí al menos nada de eso es ya necesario.
Sencillamente paso por la vida como muchos,
preocupada por lo que me estimula,lo que me hace sentirme cerca de los demás,
libre, llena, alegre y despierta.
Y sobre todo lejos de lo que me aburre.


Tengo devoción por las personas que me hacen reir y no me juzgan,
los que simplifican sonriendo,
los que entienden que las cosas pueden ser de mil maneras,
y el futuro se nos escapa,
pero no por ello se frustran ni enloquecen.

Me gusta la gente cuya única ambición es poder vivir tranquila y en paz,
sin que le molesten y sin tener que dar explicaciones.
Las personas que valoran las cosas sencillas
las que aún escriben cartas porque saben lo que es recibirlas,
las personas que a las ocho de la mañana te dan un abrazo como si llevaras un año sin verles.

El caso es que el año que viene termino esta carrera.

Y si ya resulta absurdo el hecho de que con la mente de un dieciochoañera tengas que decidir a qué quieres dedicarte el resto de tu vida,
asusta mucho más saber que ahora te estás entrenando para serlo,
vamos,
que se da por sentado que no tienes ninguna duda acerca de tu cercanísimo futuro profesional.

Y eso es mentira.
Las alternativas se multiplican, hay másteres ,hay viajes pendientes,
hay miles de personas a las que conocer en cualquier parte del mundo,
idiomas que dominar,doscientas especialidades ..

Y todo para tener qué?
Éxito profesional?
Contentos a tus padres?
sentirte más válido ante lo que los demás consiguen?

En segundo de carrera conocí el amor,
y en tercero me estoy conociendo a mí misma,
así que puedo decir que la carrera me está sirviendo para algo,
aunque no sea para ser lo que muchos de los que se sientan a mi lado en clase pretenden para ellos mismos.

Y cómo me alegro.

jueves, 12 de mayo de 2011

Lo que veo

A mediados de Septiembre comencé otra vida.

Y volví a cambiar con el tiempo,
pensando y queriendo más o menos lo mismo.
Todavía.

Primero de carrera estuvo marcado por la ilusión,
por la novedad que supone el comienzo de la etapa universitaria,
los nervios en la tripa,
las imágenes inventadas de lo que sería o de lo que querías que fuese,
los pasillos abarrotados, las aulas como las de una mala película americana,
los cafés al sol ,los exámenes, las noches ciegas compartidas.

Un ciclo que la gente recuerda con añoranza cuando crece,
que parece marcar bastante a todos una vez convertido en recuerdo.


De pronto, posees una nueva identidad,
y tienes una nueva oportunidad,
empiezas de cero,
y todo parece fresco y excitante.

Todo son estímulos en esta época,
nuevas caras, nuevas vidas, nuevas personalidades por descubrir.

Cada días es distinto si tú lo buscas,
la energía reverbera y se renueva,
y alargas los días
abarrotándose de información el subconsciente.

Demasiada música, demasiadas películas ,demasiados libros.
Siempre pienso que nunca tendré el tiempo suficiente como para procesar tanta información.
Es materialmente imposible.

Sí,volvemos sin querer al concepto del tiempo en Occidente,
ese preciado tesoro que se va para no volver..

Es entonces cuando recuerdo en Fez a esos chicos viendo pasar las horas mientras escuchaban música compartiendo los auriculares y bebiendo cantidades ingentes de té.
Y me dan envidia.

En cierto modo muchos de ellos parecían felices,
yo les veía reír, y charlar tranquilamente, observar a los turistas,
les veía compartir con su comunidad las tardes soleadas.

Ahora pienso en nosotros,
pienso en nuestra sociedad alocada del estrés y el minutero,
pienso en nuestros fríos saludos y en nuestras tantas despedidas,
en lo obsesionados que estamos con hacer miles de cosas para llenar nuestro tiempo,
para no tener que pensar y deprimirnos,
para huir de la soledad que tanto asusta ahora
a pesar de que nunca hemos estado más solos que ahora.

Los niños viven pegados a sus ordenadores y calentando pasta en el microondas comen solos mientras ven una serie en la que el humor es más corrosivo que el ácido,
y ajenas, sus madres estarán llendo al gimnasio o a Tai-Chí,
y es posible que se acuesten sin mediar palabra con ellos.

Es posible también que estos niños hayan comenzado su primera relación con una chica que conocieron por el messenger o un chat,
y que se sientan deprimidos con doce años o se droguen desde que hacen la primera comunión, nadie lo sabrá.

Puede que la vida de una niña se desmorone por unas fotos publicadas en tuenti,
esa misma niña que cada vez que sale de casa parece que tiene treinta años y un hijo en vez de diecisiete.

miércoles, 4 de mayo de 2011

La morriña

Acurrucada entre las rocas débilmente iluminadas,
dormí en paz, soñé largas y dulces historias,
escuchando el romper de las olas hasta saciarme de su latido.
De su brutal estallido en la lucha de la naturaleza.

Volví a la vida sin saberlo,
sin planes,anulando los fantasmas,
olvidandome de todo menos de sentir,
dejándome levar, desprendiendome de todo lo que mi cuerpo desnudo no necesitaba.

Tampoco recordaba tal barullo de estrellas agrupadas
como en un consenso celestial, pululando ante mis pestañas y el asombro,
acunando mi cuerpo ya aletargado,
iluminando las partes que no recordaba que consituían mi carácter.

En esos intervalos de turquesas espirales
entre cuevas y leyendas con olor a humedad,
reí con los ojos y las manos,
con los pies mojados,
y rojos los párpados del engañoso sol del norte.

En la intimidad del cuarto de la luz y la música
bailé bajo las sábanas
celebrando el retorno a la alegría.

Sorprendida ante el poder de la palabra compartida,
usando el pasado sin quererlo para la indescifrable unión de las almas,
en el reencuentro de la emoción en las papilas.

El sobresalto de recuperar algo que creiste haber perdido,
y el equilibrio fue posible,
sin haberlo planeado,
fresco y puro, como el agua,
como un niño sin barreras,
en la burbuja que no cesa hasta que no mueren las miradas.

Las campanas resonaban en Santiago,
y llovía por primera vez,
y sonreía por primera vez,
y firmamos una tregua yo y el universo.


Empapada y eufórica,
elegí continuar el camino a ninguna parte
exprimiendo las luces de la ciudad desde la altura.


Sin vértigo esta vez,
sin más incertidumbre que la que le crea a uno sentirse tan dichoso que teme que no dure eternamente.
Que teme estropearlo.

Miedo a la felicidad y a uno mismo,
a la verdad,
por la falta de costumbre.

Enhebrada a la almohada esta vez,
sueño seguro con los ecos de risa en salitre,
de la mañana clara y suficiente,
aquella, la más perfecta,

Sin una sola sombra,
sin azúcar,
y sin aliento.

El origen

Con dos flores secas pegadas a mi cuaderno y un mare magnum de emociones anudadas a las entrañas
miro por la ventana con pesadez justo en ese instante en que el sol se apaga y deja rastros luminosos tras de sí.

De un tiempo a esta parte viví como tantas veces,
al margen de mí y lo que me consta ser,
ajena a una vida que me dejó de pertenecer sin poder evitarlo.

Hace apenas nada
me faltaron las caricias que acababa de perder por el camino
que rodaron, alejándose, por los abismos del cansancio, del pasado,
escasearon los besos y me faltaron las palabras a que aferrarme.
Brilló la ilusión por su ausencia,
acusándome a mi misma de la línea que había atravesado,
escapé por un agujero y escuché después de tanto,
y no emití ningún sonido, convirtiendo mi ruido en silencio,
queriendo olvidarme de todo.

Y me salvé.
Me salvé pidiendo socorro a otras frases e historietas,
para ignorar a la ilusión que se coló por los desagües de las ciudades que atravesé.


Trágicamente inerte y presa de la falta, me embarqué en otro viaje con mi hatillo gigantesco,
y atravesé el país con la esperanza del que la ha perdido.

Sin pena ni gloria comenzó ese camino , y llegué cansada al lugar en que una de las semanas más bellas que consigo recordar fue vivida.

Allí despertaron las playas boscosas que jamás hube soñado,
con el olor a espumas y eucaliptos penetrando en nuestros cuerpos,
vacías de todo lo prescindible, en calma, solitarias, llenas de todo lo inmaterial. Salvajes.

Playas que recorrerán mi memoria sin esfuerzo
en que respiré después de haberme ahogado.
En que cerré los ojos para recordarlo todo,
para recobrar la constancia de estar pisando ese lugar.
Para ser consciente de que era yo , después de todo,
la protagonista de la historia.

jueves, 14 de abril de 2011

Silencio para llenar los vacíos.

Caminaba por el parque, sin prisa,
y la brisa del mediodía sacudía mi flequillo,
entre las aceras soleadas e individuos trajeados.

A lo lejos, escuchaba cómo un hombre sentado en un banco tocaba con la trompeta "What a wonderful world", y no he podido evitar sentirme dichosa, después de todo.

Me he sentado en la hierba a observar las primeras flores blancas anunciándose a la vida,y completamente quieta he sentido la fría hierba entre los dedos de los pies.
He escuchado los secretos del parque, aquél en que la mitad de mi vida ha transcurrido, el de los besos inexpertos y los rumores, el de las cosquillas y las noches rojizas y tenebrosas del invierno.

Me he escapado de mi propio cuerpo y he intentado sentir el espectáculo y la tragedia de lo que supone estar vivo.

Escuchando el silencio en vez de al miedo, ese miedo que jamás hubiera pensado que me producía la soledad, pero que últimamente experimentaba,
los pájaros más pequeños han anestesiado la incertidumbre de mis espacios.

Juegas en la vida los papeles que te tocan,
los roles que la mecánica diaria te exige, pero siempre juegas.
Juegas en las relaciones, juegas sin quererlo, con las personas.
Te sientes fuerte, te sientes débil, devastado, eufórico.
El otro ha de seguirte el juego sin comprender en qué consisten las reglas ésta vez.

Otras veces el pasado se superpone al presente y te supera recordar todo de golpe,
sobre todo te entristece pensar que jamás vayas a sentir lo mismo que en aqué entonces,
o que esos días quedaron atrás.

Otras veces, sencillamente te obligas a pensar que no puedes seguir lamentándote por mucho tiempo, que no estamos aquí eternamente, que el tiempo es un concepto demasiado valioso, sobre todo hoy en día.

Un día quisiste tanto a una persona que pensabas que jamás podrías dejar de abrazarle, y sin embargo, lo haces.

Y vas tanteando las almas como un ciego,
y vas buscando qué es exactamente lo que tu cuerpo te pide, lo que necesitas, lo que te hace vibrar.
Es terrible saber que es demasiado tarde para recuperar un sentimiento que se ha ido adormeciendo entre el vasto tiempo de la juventud.

Jamás hubieras pensado que esa primera persona que iluminó tu existencia con una ceguera sobrenatural, que creías por encima del bien y el mal,
hoy se apaga por tu culpa, y sufre, y todo parece una broma pesada del destino.

Darías lo que fuera, sin embargo, por mantener a esas personas a las que has querido de manera tan real, tan verdadera que crees tocarles ahora mismo,
y quieres hablarles, y decirles que aún te acuerdas, que no te olviden, que tú no lo harás nunca, que te perdonen, que no te juzguen.

Que te acompañen de cualquier otro modo en tu camino, ya que se va a hacer largo sin sus besos, sin su calor, sin su sonrisa.
Cuando prefieres la tristeza a la mentira,
cuando decides tirarte al mayor de los abismos,
cuando ya nada queda, más que tú cuerpo solo, muy solo,
y las tardes las llenas con música y letras,
en vez de con personas,
es justamente ahí,
cuando el silencio,
y la hierba entre tus dedos,
cobran el sentido.

Y las palabras se extinguen como un recuerdo más.

Y ahora sí, te das cuenta de lo complicado que es jugar en el mundo de los mayores.

miércoles, 6 de abril de 2011

Caló

El sopor callejero de un jueves extraño.

La ciudad se ha vuelto loca.
la ciudad tiene fiebre.

Un huracán de viento pesado y doloroso ha cometido allanamiento de morada.

Ese viento azota y apresa a las figuras,
las hace blandas e inseguras,
les absorbe la fuerza,
les evapora la sangre, consume su energía.

Asesina en los seres la frescura, la rapidez de pensamiento,
y emborrona sus mentes como acuarela,
sumiéndoles en un letargo dulce y venenoso.

Distrayendo sus conciencias. Aún más si cabe.

Ese calor dobla las hojas,
marea a la flora y a "civilizada" fauna,
hace que el mundo se derrita,
adormece, sumerge,
ese calor que funde los suelos,
y los sueños,

ese calor del delirio.

El infierno en los asfaltos,
meciendo con pétrea pesadez el viento,
abrasando los geranios,
tiñendo las pestañas de pelos blanquecinos.


Los destellos repasan tu rostro,
te hacen cosquillas, te acarician
te gusta.

Te cuecen al baño María,
para el gran banquete de los dioses,
quieren comerte los ángeles.


Luz cancerígena de la incomodez y el desconcierto,
pantalones de hilo pegados a los muslos,
frentes empapadas, rozaduras en zapatos,
el sudor se enfría con el aire del sector servicios.

Los portales albergan el aire frío de los inviernos,
y como en cuevas permanezco a salvo en ellos.

Sientes la corriente en movimiento,
fluyendo hacia los altos techos de antiguos edificios.

Huele a viejo mármol congelado.
Aprieto mi frente contra las barandillas de hierro forjado.
Por la cristaler penetran agresivos haces luminosos.


Y me escondo en un cuarto con las luces apagadas,
las persianas casi hasta abajo,
en mi guarida doy la espalda al maléfico sol.
-Ya no eres bueno, le digo , - Hace mucho tiempo que dejaste de serlo.


El aire envuelve mis pies descalzos
para poder pisar la arena, la hierba, la tierra,
la moqueta
la madera
tu cuerpo.

Jóvenes y mayores se reúnen sin saberlo,
y pueblan cada metro cuadrado del escaso espacio verde,
se desnudan, se ríen, se refrescan,
se quejan, se tocan, se quitan el sudor.

Beben cosas frías y comen helados para tener más sed después.

Algunos comen en tuppers pasta y arroz.
Sus cuerpos blancos manifiestan cómo nosotros no estamos acostumbrados a esto.

Tan sólo es Abril

y ya se ve la carne vieja, la carne joven,
rojiza después de blanca,
rojiza después de asada,
víctima de la saturación de los pigmentos,
del infierno del global calentamiento.

Todos son felices.
Yo no.

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